El START de Obama: Un regalo navideño para el olvido
Cuando la prensa internacional transmite de cabo a rabo del globo la ratificación por parte del Senado norteamericano del nuevo tratado de reducción de arsenales nucleares START (por sus siglas en inglés) muchos podrían pensar que el parlamento de los Estados Unidos le ha hecho al presidente un gran regalo navideño en compensación a la paliza que sufrió en las últimas legislativas.
Es que Obama no tuvo tiempo para lamerse las heridas del tortazo que recibió del electorado nacional en noviembre último y salió con los tacones de punta a redirigir su agenda de gobierno para que se notara claramente la prioridad de la política interior (y principalmente social). Basta con ver que, a pesar de las dificultades numéricas para lograr nuevas victorias parlamentarias, el número uno de Washington ha logrado manejar diplomáticamente los hilos de los antagonismos partidarios para hallar consensos con varios republicanos moderados y así cerrar una semana bastante favorable. Esta última aprobación viene a poner el broche de oro a una seguidilla de victorias que Obama no duda ni en segundo en anotarlas como porotos personales. Si bien, en honor a la modestia de la que tantas veces hace gala este afroamericano, ha manifestado públicamente que el logro es de todo el pueblo norteamericano, él más que nadie sabe que su futuro político (léase re-elección) se encuentra atado a la capacidad efectiva de su gestión para gobernar (y con gobernar me refiero a que los Republicanos no le bloqueen sistemáticamente todos sus proyectos para sumirlo -a él y al país- en un caos de in-gobernabilidad).
Junto con la ley que habilita a los homosexuales a ingresar al ejército declarando abiertamente su sexualidad y la ley de reducción impositiva, Obama a logrado a última hora -y en el ocaso de un año de dudosos saldos positivos para su gobierno- agregar un asunto de agenda internacional a mesa navideña. Podríamos apuntar, para no caer en relativismos, que bajo nuestra óptica la temática es claramente internacional, pero bajo el ojo omniabarcador del gendarme mundial americano la política nuclear es una cuestión de seguridad nacional. Vestigios vetustos y encarnizados del realismo que la política WASP (blanca, anglosajona y protestante) jamás podrá dejar de lado ni en el más descarrilado sueño kantiano.
Quizás para Obama este sea un gran regalo navideño, uno de esos enormes paquetes envueltos en empapelados brillantes y con grandes moños que ansiosamente esperan ser abiertos. Cuando en este mundo comienza a cerrarse el telón de un año en el que el conflicto en Afganistán no para de acumular aritméticamente muertos a las filas de la OTAN y no parece haber avances significativos en la “guerra contra el terrorismo”; en el que la salida de Irak fue una parodia vergonzosa que dejó a un pueblo en ruinas, en la miseria, aún dominado por extremistas religiosos, minado por la corrupción política y sin gobierno -hasta que hace unas horas Nouri al-Maliki parece haberse impuesto-; en el que se perdieron escaños a mansalva en el parlamento luego de la primer batalla electoral que tuvo que enfrentar Obama tras su asunción; en el que el diálogo con Irán apenas aparece en la última escena bajo una férrea negativa del régimen musulmán por discutir sus derechos inalienables a la energía atómica; en el que el paro económico no parece desaparecer a la medida y la necesidad del gigante del norte -sobretodo si se compara con los despegues de PBI de otros Estados del “Tercer Mundo”-; en el que el conflicto palestino-israelí continua al mismo ritmo que la expansión de los colonos sin que EUA pueda –nuevamente- hacer nada eficiente; en el que Guantánamo sigue abierta y el bloqueo a Cuba empeorado; en el que los teje-manejes del cotorrerio del cuerpo diplomático norteamericano salió a la luz, obligando a hacer bastantes llamadas personalizadas de “la Hillary” para tratar de salir del barro con dignidad; en un año como ése (donde los puntos mencionados no alcanzas siquiera a ser un breve resumen de lo ocurrido) cualquier guiño positivo es más que suficiente para renovarle el espíritu al ya entrado en canas Obama.
Independientemente de que Obama haya sido un buen niño y por ende merezca su presente, no podemos dejar de ver que lo que para él es pequeño premio al mérito (si no contamos el Nobel de la paz que –reconozcámoslo- Obama trata denodadamente merecerse, pero -reconozcámoslo también- no ha podido hacerlo aún) es para una parte importante de la Comunidad Internacional un pedazo de carbón, ni más ni menos. Yendo al meollo de la cuestión nuclear los cambios saben a poco y hasta dejan un sabor amargo en la boca. Si pensamos que, por ejemplo, EUA y Rusia pasarían de tener 2.200 -declaradas- cabezas nucleares ó ADM (armas de destrucción masiva) a 1550 cada uno respectivamente el dato parece relevante. Pero si analizamos que basta con activar una de ellas para que buena parte del mundo –si no todo- quede reducido a polvo y humo radiactivos, el sólo hecho de multiplicar los efectos es suficiente para borrarle la sonrisa de complacencia a cualquier ingenuo. Debe remarcarse el valor positivo que significa el interés efectivo en un desarme progresivo por parte de las potencias nucleares del mundo, pero hasta que no haya un desarme total entre quienes encabezan la lista de tenedores de armamento nuclear, el resto es agua de borrajas. La desilusión es mayor aún si anotamos el hecho de que este tratado –discutido por Obama en medio un almuerzo de hamburguesas y papas fritas de su local de comidas rápidas preferido al que amablemente invitó a Medvedev en un bastante distendido clima negociador- no constituye una negativa al avance de un escudo de misiles en territorio Europeo como protección preventiva ante ataques de Oriente Medio (al parecer la lógica del archienemigo ruso ya no aparece en el la retórica del discurso norteamericano). Y si agregamos que Obama se comprometió –a fin de obtener algunos apoyos republicanos- a invertir 14.000 millones de dólares para modernizar el armamento nuclear del Estado, caemos definitivamente en la cuenta de que sólo Obama, y unos pocos más pueden ver ciegamente con euforia esta novedad legislativa.
Valorando positivamente que el esfuerzo político por contribuir a la paz y la estabilidad internacional es más que remarcable, la modificación de los factores no altera el resultado de la ecuación. Sea como sea aún seguirán existiendo -parafraseando a Lula- países armados hasta los dientes y otros desarmados, Estados nuclearizados que se dotan autoritariamente a sí mismos de la capacidad para determinar quien “tiene el derecho” o no al acceso a la energía nuclear. Bajo esta disposición de la realidad internacional no podemos esperar sinceramente en el corto plazo un retroceso en el interés atómico de administraciones como la de Teherán o Pyongyang. Si Estados Unidos, Rusia y otros más requieren de tamaño arsenal para mantener cantidades significativas de poder disuasorio, ¿cómo no esperar que otros Estados pretendan hacerse de tales tecnologías dado el negro historial de intervenciones norteamericanas, cuando de sus intereses estratégicos de trata?. De público conocimiento es que a la Casa Blanca le importa un comino la diplomacia, la legalidad internacional y el rechazo de la ONU cuando ya ha decidido ir a la guerra. Ante una Sistema Internacional incapaz de evitar el actuar discrecional de algunos de sus miembros -los más poderosos casi siempre- los Estados recurren a medidas extremas como el armamento nuclear de disuasión para proteger sus fronteras, Brasil es el tipo ideal de este fenómeno. Bajo dicha lógica la tendencia progresiva de dejar la seguridad en manos de estructuras comunitarias es un lujo que sólo algunos Estados poseen y por tanto el resto se ve obligado a aplicar medidas que estén al alcance de sus manos, y en un mundo donde el contrabando y el fenómeno mafioso están a la orden del día las dificultades para el acceso a armamento prohibido tienen a reducirse en términos directamente proporcionales a la cantidad de dinero que se vea sobre la mesa.
Obama puede disfrutar de este regalo navideño en su casa paterna en Hawaii junto a su familia, mientras tanto en algunos lugares del globo muchos otros seguirán sumando rencores con su pedazo de carbón.
Franco Cravero Fabrizzi. Analista de Política Internacional.


