El START de Obama: Un regalo navideño para el olvido

Cuando la prensa internacional transmite de cabo a rabo del globo la ratificación por parte del Senado norteamericano del nuevo tratado de reducción de arsenales nucleares START (por sus siglas en inglés) muchos podrían pensar que el parlamento de los Estados Unidos le ha hecho al presidente un gran regalo navideño en compensación a la paliza que sufrió en las últimas legislativas.

Es que Obama no tuvo tiempo para lamerse las heridas del tortazo que recibió del electorado nacional en noviembre último y salió con los tacones de punta a redirigir su agenda de gobierno para que se notara claramente la prioridad de la política interior (y principalmente social). Basta con ver que, a pesar de las dificultades numéricas para lograr nuevas victorias parlamentarias, el número uno de Washington ha logrado manejar diplomáticamente los hilos de los antagonismos partidarios para hallar consensos con varios republicanos moderados y así cerrar una semana bastante favorable. Esta última aprobación viene a poner el broche de oro a una seguidilla de victorias que Obama no duda ni en segundo en anotarlas como porotos personales. Si bien, en honor a la modestia de la que tantas veces hace gala este afroamericano, ha manifestado públicamente que el logro es de todo el pueblo norteamericano, él más que nadie sabe que su futuro político (léase re-elección) se encuentra atado a la capacidad efectiva de su gestión para gobernar (y con gobernar me refiero a que los Republicanos no le bloqueen sistemáticamente todos sus proyectos para sumirlo -a él y al país- en un caos de in-gobernabilidad).

Junto con la ley que habilita a los homosexuales a ingresar al ejército declarando abiertamente su sexualidad y la ley de reducción impositiva, Obama a logrado a última hora -y en el ocaso de un año de dudosos saldos positivos para su gobierno- agregar un asunto de agenda internacional a mesa navideña. Podríamos apuntar, para no caer en relativismos, que bajo nuestra óptica la temática es claramente internacional, pero bajo el ojo omniabarcador del gendarme mundial americano la política nuclear es una cuestión de seguridad nacional. Vestigios vetustos y encarnizados del realismo que la política WASP (blanca, anglosajona y protestante) jamás podrá dejar de lado ni en el más descarrilado sueño kantiano.

Quizás para Obama este sea un gran regalo navideño, uno de esos enormes paquetes envueltos en empapelados brillantes y con grandes moños que ansiosamente esperan ser abiertos. Cuando en este mundo comienza a cerrarse el telón de un año en el que el conflicto en Afganistán no para de acumular aritméticamente muertos a las filas de la OTAN y no parece haber avances significativos en la “guerra contra el terrorismo”; en el que la salida de Irak fue una parodia vergonzosa que dejó a un pueblo en ruinas, en la miseria, aún dominado por extremistas religiosos, minado por la corrupción política y sin gobierno -hasta que hace unas horas Nouri al-Maliki parece haberse impuesto-; en el que se perdieron escaños a mansalva en el parlamento luego de la primer batalla electoral que tuvo que enfrentar Obama tras su asunción; en el que el diálogo con Irán apenas aparece en la última escena bajo una férrea negativa del régimen musulmán por discutir sus derechos inalienables a la energía atómica; en el que el paro económico no parece desaparecer a la medida y la necesidad del gigante del norte -sobretodo si se compara con los despegues de PBI de otros Estados del “Tercer Mundo”-; en el que el conflicto palestino-israelí continua al mismo ritmo que la expansión de los colonos sin que EUA pueda –nuevamente- hacer nada eficiente; en el que Guantánamo sigue abierta y el bloqueo a Cuba empeorado; en el que los teje-manejes del cotorrerio del cuerpo diplomático norteamericano salió a la luz, obligando a hacer bastantes llamadas personalizadas de “la Hillary” para tratar de salir del barro con dignidad; en un año como ése (donde los puntos mencionados no alcanzas siquiera a ser un breve resumen de lo ocurrido) cualquier guiño positivo es más que suficiente para renovarle el espíritu al ya entrado en canas Obama.

Independientemente de que Obama haya sido un buen niño y por ende merezca su presente, no podemos dejar de ver que lo que para él es pequeño premio al mérito (si no contamos el Nobel de la paz que –reconozcámoslo- Obama trata denodadamente merecerse, pero -reconozcámoslo también- no ha podido hacerlo aún) es para una parte importante de la Comunidad Internacional un pedazo de carbón, ni más ni menos. Yendo al meollo de la cuestión nuclear los cambios saben a poco y hasta dejan un sabor amargo en la boca. Si pensamos que, por ejemplo, EUA y Rusia pasarían de tener 2.200 -declaradas- cabezas nucleares ó ADM (armas de destrucción masiva) a 1550 cada uno respectivamente el dato parece relevante. Pero si analizamos que basta con activar una de ellas para que buena parte del mundo –si no todo- quede reducido a polvo y humo radiactivos, el sólo hecho de multiplicar los efectos es suficiente para borrarle la sonrisa de complacencia a cualquier ingenuo. Debe remarcarse el valor positivo que significa el interés efectivo en un desarme progresivo por parte de las potencias nucleares del mundo, pero hasta que no haya un desarme total entre quienes encabezan la lista de tenedores de armamento nuclear, el resto es agua de borrajas. La desilusión es mayor aún si anotamos el hecho de que este tratado –discutido por Obama en medio un almuerzo de hamburguesas y papas fritas de su local de comidas rápidas preferido al que amablemente invitó a Medvedev en un bastante distendido clima negociador- no constituye una negativa al avance de un escudo de misiles en territorio Europeo como protección preventiva ante ataques de Oriente Medio (al parecer la lógica del archienemigo ruso ya no aparece en el la retórica del discurso norteamericano). Y si agregamos que Obama se comprometió –a fin de obtener algunos apoyos republicanos- a invertir 14.000 millones de dólares para modernizar el armamento nuclear del Estado, caemos definitivamente en la cuenta de que sólo Obama, y unos pocos más pueden ver ciegamente con euforia esta novedad legislativa.

Valorando positivamente que el esfuerzo político por contribuir a la paz y la estabilidad internacional es más que remarcable, la modificación de los factores no altera el resultado de la ecuación. Sea como sea aún seguirán existiendo -parafraseando a Lula- países armados hasta los dientes y otros desarmados, Estados nuclearizados que se dotan autoritariamente a sí mismos de la capacidad para determinar quien “tiene el derecho” o no al acceso a la energía nuclear. Bajo esta disposición de la realidad internacional no podemos esperar sinceramente en el corto plazo un retroceso en el interés atómico de administraciones como la de Teherán o Pyongyang. Si Estados Unidos, Rusia y otros más requieren de tamaño arsenal para mantener cantidades significativas de poder disuasorio, ¿cómo no esperar que otros Estados pretendan hacerse de tales tecnologías dado el negro historial de intervenciones norteamericanas, cuando de sus intereses estratégicos de trata?. De público conocimiento es que a la Casa Blanca le importa un comino la diplomacia, la legalidad internacional y el rechazo de la ONU cuando ya ha decidido ir a la guerra. Ante una Sistema Internacional incapaz de evitar el actuar discrecional de algunos de sus miembros -los más poderosos casi siempre- los Estados recurren a medidas extremas como el armamento nuclear de disuasión para proteger sus fronteras, Brasil es el tipo ideal de este fenómeno. Bajo dicha lógica la tendencia progresiva de dejar la seguridad en manos de estructuras comunitarias es un lujo que sólo algunos Estados poseen y por tanto el resto se ve obligado a aplicar medidas que estén al alcance de sus manos, y en un mundo donde el contrabando y el fenómeno mafioso están a la orden del día las dificultades para el acceso a armamento prohibido tienen a reducirse en términos directamente proporcionales a la cantidad de dinero que se vea sobre la mesa.

Obama puede disfrutar de este regalo navideño en su casa paterna en Hawaii junto a su familia, mientras tanto en algunos lugares del globo muchos otros seguirán sumando rencores con su pedazo de carbón.

Franco Cravero Fabrizzi. Analista de Política Internacional.

El día que a Obama le “partieron la cara”

Las asociaciones simples son cosas que generalmente uno debe evitar para no caer en la chabacanería, pero cuando se presentan acontecimientos que a uno le dejan tan servido el remate es imposible negarse a la tentación de hacer mofa. De público conocimiento es el incidente deportivo que dejó como saldo doce puntos en el labio del presidente de Estados Unidos mientras disfrutaba de un partido de básquet (para no decir el correctamente traducido pero poco habitual “baloncesto”). Este batacazo no fue el único que sufrió el número uno de la Casa Blanca en medio de los festejos por el ultra-norteamericano regocijo por el día de acción de gracias, sino que muy por lo contrario fueron varios más los embistes adicionales que terminaron por partirle la cara (y no exclusivamente en sentido figurado) a este “encantador de serpientes”.

A pesar de compartir un hobby como el básquet -que le valió el mote de Sarah Barracuda- la actual archienemiga y cara visible del ultraconservador Tea Party, Sarah Palin, salió a la carga con todo su arsenal combativo contra el anterior premio Nobel de la paz, motivada por la vergüenza de haberse convertido en el hazme reír del país tras caer en un lamentable lapsus que la llevó a calificar a “Corea del Norte como aliada de EUA”. Tal vez en un infantil -y típicamente republicano- intento por suplir o desviar la atención respecto de sus graves falencias geopolíticas, esta ama de casa que disfruta de enseñar a sus hijos a tirar al blanco pero no a prevenir embarazos antes del matrimonio, disparó a matar contra el ejecutivo norteamericano en su página de Facebook al presentar un poco digno y tristemente vengativo listado que detalla con minuciosidad escabrosa distintos errores graves de Obama en materia de Política Internacional. Esta mujer que flota a la deriva de un mundo de la Política que la sobrepasa por doquier (y que regularmente corre el riesgo de hundirse entre manotazos de ahogado) busca con vehemencia perfilarse para una carrera presidencial futura en franca oposición al actual presidente Obama. De esta lamentable reacción de alguien que se supone debe ser un modelo a seguir, o pretende instaurarse como tal, no podemos sacar más que un claro paralelismo para con la atomizada (e inexistente como tal) oposición argentina. En la medida que aquellos funcionarios que debieran encargarse de deseñar un modelo de país alternativo al que actualmente materializa el gobierno en función se limiten simplemente a llevar adelante actitudes infantiles y egoístas en provecho propio, no se puede esperar de ellos nada positivo en un futuro. Cuando aquellos que se consideran verdaderos merecedores del poder estatal, no favorecidos por el voto de un pueblo que no supo elegir acertadamente a sus dirigentes, hacen agua y se dejan embargar por la confrontación vacía de argumentos y utilidad sin otro fin que desprestigiar al otro luego de ser su imagen pública la vapuleada en principio, podemos estar más cerca de saber a quien no transferirle nuestra titularidad del poder público a través del voto en los próximos comicios.

El otro cachetazo que dio vuelta la mejilla de Obama fue el anuncio iraní de que la central nuclear de Busher comenzó finalmente a funcionar luego de haberse iniciado su construcción en 1970 y de que múltiples sucesos hayan retrasado hasta ese día su activación plena.  El director del Organismo iraní de la Energía Atómica, Ali Akbar Salehí, insistió en sus declaraciones sobre la finalidad “civil” de dichas instalaciones y que las operaciones que allí se realizan tendrán como objetivo producir energía eléctrica que será conectada a la red nacional a la brevedad. Con esto se busca evitar que Estados Unidos encienda otra vez la mecha del miedo internacional a los desarrollos nucleares de Irán y que la polvareda de nuevas sanciones comience a extenderse al resto de los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Tal vez el momento elegido para dar a conocer este suceso no haya sido accidental. En medio de una tensión que corta el aire por el conflicto en la península coreana -con peligros, amenazas y potenciales nucleares- Irán aprovecha y le da el golpe de gracia a un país que no termina de solucionar un conflicto y ya amanece con otro por resolver. Que dos de los países “del eje del mal” bushiano posean manifiestas y cada vez mayores capacidades nucleares, al tiempo que se involucran en situaciones de tensión militar es algo que debe quitarle el sueño a más de uno en las altas esferas del poder. A sabiendas del costo que implicaría para la República Popular China un enfrentamiento armado a gran escala, EUA aprovecha para meter el dedo en la llaga del gigante asiático a fin de que baje los decibeles de la maquina militar de Pyongyang.

Estados Unidos ya no es la superpotencia indiscutible que alguna vez fue, o muchos pensaron como tal. Hoy por hoy le es imposible a este país implicarse en un conflicto abierto de manera aislada. La interdependencia global también a hecho mella en materia de seguridad y ya no es posible pensarla en su dimensión nacional como una tarea aislada del resto de los actores del globo. Esta “debilidad” manifiesta del gigante del norte muestra como el peso de las potencias emergentes inclina cada vez más la balanza de poder real hacia las potencias intermedias del globo en cuanto piezas indiscutiblemente centrales en el desarrollo y ordenación del Sistema Internacional. Que la paz duradera es una tarea de todos es la moraleja principal que debemos extraer de esta mirada temporalmente encorsetada de la realidad internacional. Un solo Estado del globo no puede embanderarse en la búsqueda de este ideal porque la paz en sí es un beneficio colectivo, y como tal, solo puede ser alcanzado en conjunto. Cuando esta sea impuesta por unos sobre todos será breve, ficticia y violenta, cuando sea el resultado verdadero de la voluntad soberana y colectiva de los Estados de la Comunidad Internacional podemos llegar a esperar algo bueno de tanto teje y maneje del poder. Cuan lejos estamos hoy, pero seguramente más cerca que ayer.

Franco Cravero Fabrizzi. Analista de Política Internacional.

Pyongyang: el doctor Frankenstein de la Guerra Fría

Que la OTAN haya intentado hace unos días en Lisboa enterrar la Guerra Fría para siempre a través de un nuevo concepto estratégico que (re)califica a Rusia de “socio” (abandonando así este la condición de adversario o enemigo acérrimo) es un esfuerzo que a las claras ha fallado. Es que cuando el fantasma de un conflicto armado con potenciales nucleares aparece en el tablero internacional es imposible afirmar que se ha dejado atrás para siempre el antiguo enfrentamiento con armas de destrucción masiva (o por lo menos la amenaza al uso de estas).

Es en este caso Corea del Norte quien ha devuelto a las primeras planas uno de los puntos nodales de la antigua Cold War: la escalada armamentística y la disuasión mediante Hard Power. Que Rusia afloje las riendas y acepte estas nuevas condiciones planteadas por la otrora organización que nació para edificar las fronteras represivas al comunismo y combatir así el avance de esta ideología revolucionaria. Esto es peculiar cuando recordamos que hasta hace pocos años Rusia ponía el grito en el cielo cada vez que una ex-república de la URSS intentaba, o bien lograba efectivamente, integrarse a la OTAN o la Unión Europea. Esto es materia de un análisis que ahora no intentamos llevar adelante, así como tampoco lo es la verdadera validez y vigencia de un organismo que ya ha visto desaparecer al enemigo que justificó su nacimiento y contra viento y marea se esfuerza denodadamente -a través de reformas estructurales profundas y periódicas- por sobrevivir. Simplemente basta con decir que lo hecho en Lisboa no es suficiente para poner definitivamente la lápida a la era del teléfono rojo. La Guerra fría fue -y es- mucho más grande que el conflicto EUA-URSS, si bien la dicotomía entre ambas potencias fue la clave que definió y caracterizó dicho período temporal hay mucho más detrás de él, y sería una grosería ignorante reducir el todo a esa parte constitutiva (amén de su centralidad). Es por eso que cuando se hacen presentes situaciones que vinculan aspectos cómo el desarrollo nuclear, las armas de destrucción masiva y regímenes comunistas es suficiente para que el cóctel explosivo del temido espíritu del conflicto Este-Oeste vuelva a salir del ataúd en que a la fuerza se lo intenta ocultar.

Sabida es la tendencia del régimen de Kim Jong Il de echar regularmente leña al fuego para mantener vivo y latente el conflicto entre las dos Coreas. La historia de idas y venidas en el paralelo 38 es profusa, pero por sobre todas las cosas conflictivas y la nueva travesura del líder norcoreano ha desatado un rosario de rechazos y condenas de dudosa autoridad moral a lo largo del globo. Particularmente EUA ha sido uno de los países que con más dureza han criticado el accionar militar de Pyongyang. Cuesta creer como un Estado que apenas se “lamentó profundamente” por el crimen de Lesa Humanidad cometido por Israel en el ataque a la Flotilla de la Libertad con sus 9 muertos civiles “condene firmemente” la agresión norcoreana que dejó como saldo 2 bajas militares. Incongruencias nefastas como estas contribuyen a dañar progresivamente la cada vez menos confianza en los Organismos Internacionales y en el Derecho Internacional Público (y ni hablar de su real validez).

Estados Unidos y compañía insisten en poner trabas innumerables y muchas veces injustificables a los programas nucleares de los Estados menos desarrollados. Este temor paranoico y esquizofrénico al potencial alcance autónomo de armamento nuclear rebosa también de cinismo. ¿Por qué ninguna autoridad de la Casa Blanca dice nada respecto del arsenal nuclear israelí? ¿Por qué Irán y Corea del Sur deben someterse a observaciones y aprobaciones ajenas a sus autoridades soberanas cuando los países más poderosos o sus aliados no lo hacen? Es cierto de los gobiernos de estos dos últimos Estados no brillan por su afecto hacia la democracia ni mucho menos, pero tal como Mahmud Ahmadineyad dijo hace poco a la prensa internacional, ¿Cómo un país que tiene más de cinco decenas de mujeres condenadas a muerte en sus cárceles estatales puede embanderarse en la defensa de una sola Ashtiani?. Que se entienda que lo dicho no significa un apoyo a los regímenes mencionados ni su accionar, simplemente es un intento por desenmascarar un discurso falaz que los Mass Media adeptos a intereses políticos particulares callan bochornosamente y los pueblos engullen sin filtro alguno.

Si algo queda claro es que la capacidad de injerencia Estados Unidos y las grandes potencias respecto de los programas nucleares de terceros Estados se está diluyendo. En mayor o menor medida las decisiones aplicadas unilateralmente o vía organismos internacionales, no son suficientes para frenar esos proyectos por más encorsetamientos que apliquen a las economías de estos países. Dicha realidad no es resultado exclusivo de la actitud caprichosa e intransigente de regímenes que se encuentran en el polo opuesto al arco ideológico de los líderes globales. Es resultado (entre otros múltiples factores aquí no mencionados) del cada vez mayor interés y esfuerzo de las potencias emergentes de lograr capacidades autónomas y autosuficientes de producción de energía por medios alternativos a los hidrocarburos y sus derivados como una de las más plausibles y viables estrategias de consolidación de crecimiento y desarrollo. Que países como Brasil, India y Sudáfrica (todos ellos relevantes para la política exterior norteamericana por razones diversas, pero muchas de ellas comunes) lleva a que la política contraria al enriquecimiento nuclear horizontal sea cada vez más débil. Que estos Estados con gobiernos democráticos sólidos y con economías en expansión a tasas chinas reclamen derechos válidos de desarrollo energético reduce magistralmente el margen de justificación norteamericano a sus estrategias desarrollistas y crea al mismo tiempo redes de cooperación entre quienes invierten y sueñan con alcanzar estas fuentes. Asimismo, que ya no exista una dependencia exclusiva por parte de estos países hacia los EUA -sea económica, comercial, política, cultural, tecnológica o de otra índole- contribuye adicionalmente a mermar la fuerza real de que este país dispone para direccionar la conducta de otros miembros de la Comunidad Internacional en el sentido arbitrario que este determine. Con esto la autonomía relativa de los países menos poderosos se ve ampliada. Ya no existe una representación del Sistema Internacional como un tablero de Ajedrez, eso es el pasado. Ahora es el Go oriental la mejor analogía aplicable para explicar y comprender la trama de relaciones que vincula a los Estados del mundo

Los Estados emergentes ,y sus líderes como es el caso de Lula, abogan por una desnuclearización total (en realidad sería más bien un apoyo manifiesto a la redistribución equitativa del poder, hecho que se ve también en el intento de muchos de estos últimos por reformar el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas). Como bien dijo el cuasi ex – presidente verdeamarelo “no podemos permitir países armados hasta los dientes y otros desarmados”. En la medida que existan Estados con armamento nuclear no hay justificativos para negar el desarrollo pacífico de capacidades nucleares de terceros. Que por cuestiones ideológicas e intereses específicos se pretenda dar por tierra a las aspiraciones de otros Estados es algo que las potencias emergentes, con cada vez mayor peso internacional, están poco dispuestas a tolerar.

Bajo estas condiciones podemos preveer que las acciones de los Estados asociadas a proyectos nucleares producirá indefectiblemente la cólera de las grandes potencias, y por ende cualquier acción no pacífica de los primeros será razón suficiente, por pequeña que sea, para reproducir ad infinitum una condena indeclinable a programas energéticos de este orden. Esta tendencia hará imposible enterrar para siempre el fantasma de la guerra fría. No porque sean los pequeños Estados “conflictivos” los culpables, sino porque Estados Unidos y varias potencias de primer mundo se niegan bajo cualquier punto a renunciar a este tipo de tecnología. Consecuentemente los Estados que escalan en el podio global se ven forzados a adquirir armamento de este calibre para lograr plataformas creíbles de poder de disuasión. El caso más claro es el brío puesto por Brasil para poseer los 6 submarinos nucleares que considera necesarios para defender y asegurar su plataforma continental y los más de tres mil kilómetros de costa, dadas los enormes yacimientos de hidrocarburos recientemente hallados.

Mientras perdure la competencia militar entre Estados por mantener arsenales suficientes para crear condiciones reales que hagan creíble el uso o la amenaza del uso de la fuerza no será posible que la Guerra Fría descanse en paz. Mientras la escalada que implica una carrera armamentística (aunque actualmente en medidas mucho menores a la posterior a la IIGM) sea un patrón de conducta habitual en los Estados dentro de la esfera militar caben pocas esperanzas para aquellos que quieren dar vuelta definitivamente la hoja a una de las etapas más peligrosas de la historia de las Relaciones Internacionales. Que la OTAN manifieste que se encuentra habilitada para actuar en cualquier parte del mundo donde  la seguridad de sus miembros se vea afectada no hace más que dar vida eterna a la Guerra Fría. Puede que Rusia haya tirado la toalla pero ahora Afganistán, Irán, Corea del Norte y muchos otros seguramente se convertirán en los sustitutos de la URSS y pasarán a ocupar la otra esquina del ring internacional. Nada ni nadie es indispensable, los Estados tampoco. Si ya no existe el fantasma sovietico Estados Unidos tiene la capacidad suficiente para “crear” nuevos fantasmas en cualquier parte del globo y con ello reproducir este mecanismo inescrupuloso de oposición dicotómica. Hoy le toca a Corea del Norte asumir el papel del Doctor Frankenstein que vuelve a la vida a un muerto que asusta y da miedo a todo el mundo, pero mañana seguramente serán otros y variados los Estados que rotativamente caerán en la penosa situación de representarlo. Esto no será por voluntad propia, sino por una determinada estructuración del Sistema Internacional y su “correspondiente” distribución desigual de los factores reales de poder que lo someten a esta situación en pos de objetivos unilateralmente egoístas. En el final de la novela de Mary Shelley la bestia sobrevive a su creador y llora sobre tu tumba glacial en el polo Norte antes de anunciar su suicidio. Sería bueno esperar que esta vez sea el monstruo el que muera de una vez por todas y no el doctor Frankenstein, para que este pueda vivir en paz sin fantasmas que lo atormenten de por vida.

Franco Cravero Fabrizzi. Analista de Política Internacional. Especial para Cardinal Norte

La revolución “mediática” de Ahmadineyad

Desde hace dos días el presidente Iraní no hace más que dar entrevistas a una u otra cadena televisiva, diario o cualquiera de los mass media que se acerquen a su persona para ponerle en la boca un micrófono con el fin de poder registrar sus opiniones en off. La Cumbre organizada por Naciones Unidad (ONU) en la ciudad de New York tiene cómo finalidad llevar adelante un análisis retrospectivo/evaluativo de las acciones y los resultados logrados respecto del compromiso asumido por esta Organización Internacional para con la consecución de los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio planteados en el año 2000 y que distan mucho de ser alcanzados para el plazo final estipulado en 2015.

Ahmadineyad es una persona que habitualmente saca provecho de cada oportunidad mediática que se le presenta para pregonar a los cuatro vientos la bondad del propio gobierno y demonizar a los opositores. Esta vez nada ha cambiado. La excepción podría estar en el hecho de que, contrario a la tendencia habitual, Mahmud a multiplicado exponencialmente su requerimiento en los medios de prensa más importantes del mundo occidental desde que puso un pie fuera del avión y aunque cada encuentro le implique una tediosa rutina de mecanismos de seguridad cuasi infinitos. El Papa debe revolcarse en su sotana por estos días, porque ni siquiera él con motivo de ser el primer sucesor de San Pablo en pisar las salvajes (por no catolizadas) tierras británicas tuvo a su alrededor semejante derrotero de compromisos con la prensa.

En un poco tradicional estilo por instantes sumiso (en oposición a los habituales arranques de ira que suelen embargarlo en los mítines públicos que da en las calles de Teherán) este musulmán ultra conservador ha desempolvado su retórica más extravagante y se presta a ponerla a disposición de quién quiera brindarle sus 15 minutos de fama, que hoy por hoy ya deben ser unas cuantas y largas horas de discurso nacionalista.

No han faltado los típicos ataques a su archienemigo moderno (Estados Unidos, y quien quiera que ocupe el salón oval de la Casa Blanca) en esta letanía de encuentros periodísticos. Junto a esto se manifiesta una clara e inteligente vinculación de EE.UU para con todos los males que aquejan a su país, como en el caso de la condena global a Irán respecto del caso de Ashtiani mientras que en EUA existen 53 mujeres esperando agónicamente en el corredor de la muerte. La expresiones de Ahmadineyad oscilan frenéticamente en un abismo pendular que lo lleva en ocasiones a manifestar denuncias claras y fundadas respecto de cuestiones particulares, como la persecución a la que es sometido su programa nuclear, hasta locuciones increíbles e incomprensibles dignas de un loco de atar candidato Nobel a un chaleco de fuerzas, como el hecho de que Irán se está convirtiendo en la única superpotencia mundial además de EUA. Cosa de no creer. El modus calmado de sus declaraciones no logra eliminar lo rimbombante (y muchas veces ingenuo) de sus palabras. El pecado de vanidad puede salirle bastante caro.

Tal vez se entienda esto en el marco del denodado esfuerzo que realiza la dirigencia de su país (y él mismo cómo un compromiso personal) para expresar de forma creible al mundo el nulo o escaso efecto negativo de las sucesivas rondas de sanciones de la ONU respecto de la realidad de Iraní. Ahmadineyad ha aprovechado todas y cada una de las oportunidades que se le han presentado para reafirmar el carácter pacífico de su programa nuclear y la oposición a la existencia de armas nucleares en todo el mundo. La preocupación mundial (y principalmente Israelí) esta en el hecho de que Irán ya almacena alrededor de 2800 kilos de uranio pobremente enriquecido, cantidad suficiente para fabricar dos o tres armas de destrucción masiva (ADM). Irán culpa a EUA e Israel de este acecho, al tiempo que manifiesta el por qué de tanta oposición a que su país elabore armamento nuclear, mientras que no se castiga a Israel por poseerlas y fabricarlas en secreto y a espaldas de la Comunidad Internacional. Más de una vez ha dejado claro que el argumento del Holocausto Judío ha sido permanente, reiterada e intencionalmente utilizado como estrategia de victimización perpetua por parte de las autoridades sionistas, mientras que en realidad estos son los victimarios y otros pueblos, como el Palestino, quienes sufren una verdadera persecución y matanza actuales.

En sus mensajes desde New York Mahmud a sido bastante claro, no es antisemita, es antisionista. Dos cosas que poco tienen que ver entre sí y habitualmente son usadas como sinónimos por los altos mandos de Tel Aviv para desprestigiar a la oposición. El antisemitismo es la persecución y/u odio para todos aquellos de origen semita, básicamente es el odio a los judíos. El antisionismo es el rechazo a la posición ideológica del sionismo, que es una corriente de intelectuales judíos europeos que consideraban que los problemas y la persecución del pueblo judío se terminaría con la creación de un Estado propio puramente judío (lo cual, materializado en la realidad, dio históricamente origen al nacimiento del conflicto árabe-israelí, (posteriormente palestino-israelí) y la intromisión del pueblo judío en el territorio y la vida de los países árabes con sus consecuencias a la vista).

Esta revolución mediática tiene para Ahmadineyad un objetivo claro, presentar a la Comunidad Internacional su propia y particular visión de los múltiples conflictos y situaciones que afectan al Estado Israelí para hacer frente a la corriente global de oposición al régimen islámico nacida desde el poder occidental y los medios de comunicación globales afines a sus intereses. El presidente Iraní busca sembrar la duda en aquellos indecisos que no saben que posición tomar respecto de las cuestiones que le aquejan, al tiempo que pretende cultivar los beneficios logrados por el apoyo de países con creciente peso internacional que se han sumado (con más o menos compromiso) a su causa, sea este el caso del Brasil de Lula y la Turquía de Erdogan, entre los más importantes y representativos.

Si la Revolución Islámica del Ayatolá Homeini sirvió para dar a conocer al mundo que el poder político puede ser un instrumento útil para el Islam como mecanismo de creación un Estado religioso, la revolución mediatica de Ahmadineyad busca (salvando las abismales diferencias) demostrar al mundo que el poder religioso que brinda la fuerza del Islam una vez consolidado como pilar organizativo de la estructura Estatal tiene la capacidad y autoridad suficiente para convertirse en un medio indispensable (del aparato político) para asegurar la consecución de los cambios pretendidos desde un principio. Esta circularidad argumental es funcional al régimen iraní en su proyecto de sumar, en lo posible países adeptos a su proyecto, o por lo menos vistos buenos para su política contracorriente. Aprovechar al máximo el poder de difusión de los medios norteamericanos, la transferencia de influencias con miembros de la Asamblea General, presentarse cómo un simple líder estatal en oposición a ese demonizado terrorista político con el cual tratan de identificarlo, son entre otros, algunos de los intereses de Ahmadineyad.

En el caso de Ban Ki-moon haya tal vez un intento de restablecer la imagen de una ONU eficiente y eficaz dada la aparente inutilidad de la seguidilla de las sanciones que el Consejo de Seguridad ha aprobado contra Irán. Quizás sea su intención retomar el camino del diálogo real (y no producto de la sumisión resultante de la fuerza de la presión económica, política o de cualquier otra índole) como mecanismo indispensable para la consecución de un objetivo común de paz. El papel de la ONU en los últimos tiempos ha dejado bastante que desear, tal vez sea hora de que el Secretario General haga algo más que visitas humanitarias a zonas de desastres.

Amén de estas particularidades propias de las luchas de ego y de poder típicas e inevitables de todo encuentro de líderes mundiales no se debe olvidar el meollo principal de la Cumbre. No debemos permitir que por cuestiones de folclore político se desatiendan los aspectos esenciales de una reunión cuyos intereses humanitarios son más que loables, pero cuyos compromisos reales son escasos. Esta es una nueva oportunidad que se da el mundo para asegurar un futuro mejor a la humanidad como resultado de un esfuerzo compartido por toda la Comunidad Internacional sin que interese diferencia alguna. Es, en otras palabras, una nueva oportunidad para los hombres y no para los Estados. Esperemos, aunque sea ingenuamente, que no otra vez desaprovechada.

Franco Cravero Fabrizzi. Lic. en Relaciones Internacionales

craverof@hotmail.com

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.